viernes, 23 de marzo de 2012

Por qué visitar Bilbao

Mientras me tomo mi habitual Bailey's y cigarrillo de viernes por la noche, para celebrar la entrada del fin de semana, me surge la cuestión de la visión del país para los extranjeros. Está claro que en este momento preciso, no podemos enorgullecernos de la situación política o económica, pero lejos de dedicar esta entrada a una crítica de la nación, me centraré en el ámbito turísitco.

Y como, al parecer, si tu preguntas sobre España a un extranjero te va a hablar de flamenco, toros, paella, jamón y otras muchas cosas más, yo, como buena norespañola que soy, trataré de acercaros ese trocito de tierra verde, acantilados escarpados frente a un mar verde-azulado.

Porque el norte tiene mucha belleza, en muchos casos desconocida. Hablando con un amigo madrileño que había recorrido la parte vasca del Camino de Santiago, me relataba con cierto asombro sus aventuras por esas tierras y la belleza del paisaje. Antes de mudarme a la capital, no era consciente de lo extraño que es para ciertas personas ver el mar y sobre éste el monte verde. En otra ocasión, un amigo mejicano visitó también esta zona, y asomado al balcón miraba a la derecha y decía: "¡el mar!" y cuando su mirada se dirigía hacia el lado contrario exclamaba: "¡la montaña!".

Y aunque en sí la ciudad de Bilbao no tiene mar, o playas está a escasa distancia (unos 13 kilómetros aproximadamente). Además, se tarda 20 minutos en ir del centro de Bilbao a una playa, si se coge el metro (sí, a pesar de ser pequeño, en Bilbao hay metro).

Pero hablemos de los que se puede hacer en Bilbao. Por supuesto, es recomendable la visita al Museo Guggenheim, siempre impactante gigante de acero ante la mirada de turistas y transeúntes. El color del material es un exquisito reflectante de las habituales nubes grises que cubren el cielo de la villa, y una alegre visión cuando los rayos de sol inciden en la superficie. El museo es obra del arquitecto Frank Gehry, y tiene la forma de un barco, en representación de la libertad que significa el arte contemporáneo. En su interior se pueden admirar obras de diversos artistas como el escultor Oteiza, conocido por sus esculturas de hierro, y exposiciones temporales.

No quiero hablar simplemente de las atracciones turísticas de la ciudad, pretendo que al leer este texto se pueda pasear por sus calles, sentir el ambiente, escuchar los sonidos y apreciar los olores, es decir, vivirla  como si se estuviera en ella.


Así, partiendo del citado museo, imaginemos que recorremos el Paseo de Abandoibarra. La ría a la izquierda, con quizá alguna trainera, y el típico color verde de ésta. Sobre un espacio ancho, a la derecha nos encontramos con el tranvía, que transita sobre los carriles situados en el césped. A la izquierda de éste, las bicicletas recorren el bide-gorri y algunas personas hacen footing, aprovechando la suave temperatura de una tarde de abril. Frente a nosotros, vemos una estructura blanca, el Puente de Calatrava, que permite a caminantes cruzar de un lado a otro. A la derecha del paseo, podemos admirar las Torres de Isozaki, edificios de cristal que nos recuerdan a los rascacielos de las grandes ciudades. En el centro de estos, una escalinata que nos acerca al centro de la villa.

Si seguimos avanzando por el paseo hacia el Casco Viejo, nos encontraremos con el Ayuntamiento en la ribera izquierda del Nervión. En las proximidades también se encuentra el Teatro Arriaga, lugar en el que se puede asistir a distintas óperas, conciertos, ballets y obras de teatro de compañías nacionales e internacionales.


El Casco Viejo tiene encanto por sí mismo. Es posible recorrer sus estrechas calles de piedra, degustar unos típicos pintxos o disfrutar de unas compras en cualquiera de sus numerosas tiendas, desde las más comerciales, hasta las más vanguardistas, pasando por numerosas zapaterías. El ambiente idóneo es el de los fines de semana, en los que los bilbaínos acuden a tomar un piscolabis antes de la comida. Las calles se llenan entonces de gente: familias, niños, correteando por las calles, ancianos, etc., a los que acompañan risas, conversaciones sobre la vida y los últimos cotilleos.

Para una tarde de compras, os recomiendo hacer la ruta Abando-Moyua. Entre estas dos plazas unidas por medio de la Gran Vía se encuentran marcas de moda como Zara, H&M, Sephora, Stradivarius, Blanco, etc. además de los grandes almacenes El Corte Inglés.

En cuanto a gastronomía, últimamente son numerosos los restaurantes "fashion" que han abierto. Aunque la carta no se aleja de lo habitual en cuanto a platos, la decoración está muy cuidada. Si os gusta la comida asiática, os recomiendo "Buda", por la zona de Jardines de Albia, o Asia di Roma, en Abando, que tiene una variada carta de platos tanto asiáticos como italianos. Por lo demás, por supuesto es indispensable probar los pintxos, o, si se tiene ocasión platos típicos como merluza a la bilbaína, bacalao al pil-pil, el txakolí y otro largo sinfín de exquisiteces.

Si tenéis ocasión, os recomiendo visitar la ciudad en la Semana Grande o Aste Nagusia, a finales de agosto, cuando las peñas se instalan en sus txosnas a las orillas del Nervión y la música, el buen humor y los festejos invaden toda la ciudad, y se puede disfrutar de una muestra de aurresku en la Plaza Nueva o del concierto del último grupo de moda.

Sin más decir, es un sitio que es bonito de visitar (o al menos eso dice la gente), así que ¡os animo a que vayáis!

PD.: Os dejo aquí un link sobre la ciudad, por si queréis más información:
http://www.urbebilbao.com/

jueves, 16 de febrero de 2012

One week

¿Qué harías si tuvieras un día, una semana, un mes para vivir?


"Cuando encuentras esos raros momentos de claridad, esos flashes con los que el universo cobra sentido, intentas desesperadamente aferrarte a ellos. Son los salvavidas para los tiempo más oscuros, cuando la incomprensible naturaleza de la vida te puede completamente llevar a la perdición.


Entonces la pregunta se convierte, o debería haber sido siempre: ¿Qué harías su supieras que sólo tienes un día, o una semana, o un mes de vida? ¿A qué vida te aferrarías? ¿Qué secreto contarías? ¿ Qué banda verías? ¿ A qué persona declararías tu amor? ¿Qué deseo harías realidad? ¿ A qué local exótico irías a por un café? ¿Qué libro escribirías?


ESFORZARSE, BUSCAR, ENCONTRAR, Y NO CEDER. "


Michael Mc Gowan. One week


Últimamente son muchos los libros que leo y películas que veo que tratan este tema. ¿Dónde está la felicidad? ¿Hacemos realmente lo que queremos? ¿O si, por el contrario nos diesen una noticia como que nos queda una semana de vida, tendríamos el deseo de cambiarlo todo? ¿De hacer esas cosas que no nos atrevemos, porque en el fondo nos molesta reconocer (aunque lo sepamos) que dejamos de hacerlas porque buscamos ante todo una seguridad, una estabilidad?

Son cosas que desde luego dan que pensar. Por supuesto que si tienes previsto (como la mayoría tenemos) vivir por un largo periodo de tiempo hasta que nos visite la Inevitable, hay planes a largo plazo, o cosas que prevés hacer en unos meses (también me apetece a mí tomarme unas vacaciones en mitad de febrero, pero tengo unas responsabilidades. La cuestión, en mi opinión, trata de tener unas responsabilidades, pero elegirlas libremente (y esto quiere decir sin ningún tipo de presión). Lo complicado se halla en que muchas veces esa presión la tenemos tan arraigada en nuestro subconsciente que no nos damos cuenta. Entonces nos encontramos ante una situación de incomodidad, de tensión interna, que se ve aumentada por el hecho de desconocer la fuente de ese desequilibrio. ¿Qué podemos hacer entonces? Si nos dejamos llevar por lo que queremos, puede que nunca consigamos esa estabilidad y eso nos da miedo. Si, por otra parte, elegimos la senda de la estabilidad, nos quedamos con las ganas de hacer lo que realmente queremos.

¿Hace falta que se dé una situación límite para comprender este problema interno? No lo creo, profundizando y efectuando un auto-análisis podemos llegar a una conclusión y tratar de equilibrar esta tensión. El problema con que  muchas personas se encuentran es que viven en una especie de burbuja que las protege de ese mundo oscuro e interior que tienen dentro, de esa divergencia, como si llevasen un paraguas en un día de lluvia. Viven sin vivir: sumisos en las mismas rutinas sociales, laborales, leen libros y ve la tele para olvidarse de pensar, engañarse, decirse a sí mismos que son felices, que lo tienen todo, cuando en su interior se encuentran vacíos, deseando la vida de otros. Critican al amigo del amigo. o hablan de él con ironía, porque se ha "salido" de lo socialmente establecido, pero realmente envidian tener el valor para tomar esa decisión. Y eso es lo que falta: valor, perder el miedo a vivir.

miércoles, 30 de noviembre de 2011

La vida es un sueño

"¿Qué es la vida? Un frenesí.
¿Qué es la vida? Una ilusión,
una sombra, una ficción,
y el mayor bien es pequeño;
que toda la vida es sueño,
y los sueños, sueños son."


Calderón de la Barca


Y remitiéndome a este texto comienzo mi blog de hoy. 1 de diciembre de 2011. Un número bonito: 1-12-11. O será mi percepción. Porque, como dijo cierto personaje inexistente "reality is a matter of perception". Total, que hoy es un día importante. No porque haya pasado nada. Simplemente ha sido uno de esos días en los que han colisionado mi pasado y mi (probable) futuro. Resulta que en una semana tengo la oportunidad de cambiar mi vida el próximo curso. Lo que pasa que ya no depende de mí. Ya he trabajado duro, lo seguiré haciendo. Pero espero que lo que he hecho hasta ahora dé sus frutos.


Podría hablar sobre millones de cosas en referencia a esto de trabajar duro. De hecho, me preocupo todos los días por mi futuro. ¿Me servirán de algo mi carrera universitaria, mis títulos en inglés, francés y alemán, mi carrera como bailarina, y como dice mi padre, mi carrera en la vida? Porque tener 2 horas diarias libres al día es sacrificar mucho. Lo hago porque quiero, me siento realizada. Prefiero que me falte tiempo a que me sobre. Por eso muchos días como en 15 minutos, duermo 5 horas y me paso otras 5 bailando. Agradezco a mi cuerpo que aguante todo esto.


Pero no es eso de lo que vengo a hablar. Como bien lo expresa el título de la entrada, la vida es un sueño. Sueños pasados y futuros, o presentes en referencia al futuro. Un sueño cumplido, nunca olvidaré el momento que supe que había entrado al conservatorio y que me venía a la gran ciudad. Conocer, experimentar, cambiar. Y lo que he aprendido estos años. Madrid me ha aportado (y sigue) mucho. Todo lo que he aprendido sobre la vida. Moverse, arriesgar, fallar, aprender. Trabajar duro día a día. Esforzarse. Días buenos y malos. Gente excepcional y gente insoportable. Gente que quieres conocer más y otros que desearías no haberlos conocido nunca. Y todas las enseñanzas que aprendes de ellos, tanto de los primeros como de los segundos. Tomar referencia de los primeros, escuchar lo que te dicen, aceptar las críticas porque sabes que te quieren ayudar a hacerlo mejor, a ser mejor. Huir de lo que te enseñan los segundos, evitar ser como ellos. Se trata de ser un científico ante sus ratas en una caja. Aprender, absorber, ganar.


Todavía vivo mi sueño, pero como no, siempre hay otros mayores, siempre se desea más. Sé que si puedo irme me iré. Pero también sé que echaré de menos esto. Tengo muy buenos recuerdos. Lo recordaré con nostalgia, igual que recuerdo ahora Bilbao. Hoy precisamente hablaba con mi compañera de piso de mi infancia. Feliz, una educación muy buena. El peligro era que me podía haber quedado dormida. Pero por suerte desperté. Lo único nocivo es que ese despertar fue tan desesperado que ahora no paro de hacer cosas. Quiero abarcarlo todo. Como si fuese a morir mañana. Si, es el triple de cansado.Pero esos es vivir. Sentirse echo una mierda o muy feliz, cansado o con los nervios a flor de piel.


El momento de choque fue en uno de esos autobuses azules que circulan por las calles de Madrid. El otoño, una estación maravillosamente maravillosa. Soy más de verano, pero el color, la luz del otoño, eso no se encuentra en ninguna otra estación. Cuando la luz baja del sol incide sobre las hojas verdes, amarillas, ocres de la Avenida Complutense. E ir caminando con la música, bossa nova concretamente, esas magníficas voces que se arrastran sobre las notas  convirtiéndose en una melodía fluida, que se mece, que recuerda a las olas del mar. Y todo acompañado por la belleza del idioma portugués. Entonces pensé que quizá este sería el último 30 de noviembre que estaré aquí en Madrid. Y a lo mejor el año que viene desde otra ciudad, el mismo día, me acordaré de este momento. Momentos a lo mejor insignificantes, pero que el cerebro los retiene porque significan algo importante para la persona. Emocional, valorar lo excepcional de la rutina. 


Al siguiente minuto me acordé de otro sueño cumplido, pasado. Unas vacaciones de verano irrepetibles. Nueva York, julio, dos semanas. Estar con una amiga. Bailar. Conocer a gente maravillosa, hospitalaria, generosa. De esas personas que a veces te preguntas si quedan en el mundo. Redescubrir a una persona, que te sorprenda, reencontrar una amistad. Días magníficos. Llegar a NY un lunes, 40º, escuchar las primeras palabras en inglés, soltarse. Ir a donde uno quiere a hacer lo que quiere. Vivir la Gran Manzana. Revisitar sitios, descubrir nuevos. Pasear al perro por Central Park. Ser un neoyorkino, aunque sea por dos semanas. Comer en Chinatown e ir a la Estatua de la Libertad. Comprar en 5th Avenue, comer en Whole´s Food y sentarse en Broadway para perpetuar en forma de memorias ese presente. Celebrar un 20 cumpleaños bailando en NY, desayunando crêpes, teniendo interesantes conversaciones, saliendo a cenar. Querer retener todas las experiencias en papel. Esa sensación de estar en el lugar adecuado en el momento adecuado. No tengo palabras para expresar lo sentido, hay que vivirlo.


Después Ámsterdam, luego París. Más momentos inolvidables. Viajar con las amigas, esas cosas que se recuerdan de mayor. Prefiero arrepentirme de cosas que he hecho a las que no he hecho. Probar. Salir todas las noches. Pasear en bici buscando un molino, perdernos. Me encanta perderme. Descubrimos pueblos, rutas que de ninguna otra manera hubiésemos encontrado. Porque a veces es mejor no ir por el camino asignado, en el que todo es más o menos previsible. Seguir impulsos, y descubrir que poco a poco te vas situando en tu lugar. No saber donde vas a acabar, pero saber que es una buena dirección y estar a gusto. Al final encontramos un paisaje bellísimo, un lago con un molino de fondo. Y sentarse a charlar. O callar. Tumbarse en un embarcadero y dejar que el sol veraniego bañe la piel. El silencio de la naturaleza. Lo interesante que es el silencio. Ese momento de calma en que parece que el mundo se detiene, que siempre se va a estar allí, sentada en ese embarcadero. Otro momento: hallarse en un parque, empezar a adivinar de fondo una canción. Según se va acercando, descubre a un músico callejero tocando y cantando: The scientist, Coldplay. Grabar el instante en vídeo. Sentirse un impresionista contemporáneo, queriendo capturar esa impresión. Conversaciones filosóficas y más gente interesante. 


París. Llegar lloviendo. Sentirse como en casa. Hacía 7 años que no visitaba la ciudad. Cual fue mi sorpresa cuando al salir del metro cercano al hostal me encontré el Moulin Rouge de frente. Cenar un crêpe parisino. Levantarse y tratar de entrar en el Musée d'Orsay, caminar kilómetros sin mapa: La Place Vendôme, La Place de la Concorde, la Ópera, les Champs Elysées. Comer, andar, comprarse un libro en francés. Moverse hasta la Torre Eiffel. Tratar de leer un libro en francés, difícil después de dos años sin practicar la lengua. Coger un tren a Lyon. Pasar un magnífico tiempo con Ju y su familia. Intentar soltarse otra vez para hablar francés. Que una niña de 8 años te suelte parrafadas sobre sus juguetes y quedarte con la boca abierta. Pasear por el campo y hablar sobre la vida. Mi querida amiga que se marchó a Alemania. Dos magníficos años pasados con ella en Madrid. Pero cumplió su sueño. Así que feliz, muy feliz por ella. Visitar Lyon, comer más crêpes, conocer más gente maravillosa y escuchar jazz en la Ópera de Lyon. Tomar algo en una peniche. Volver a Paris, visitar más cosas. Conocer más gente: una neoyorkina y una parisina. Salir a tomar algo con ellas por Montmartre. Esas noches inesperadas que es cuando mejor te lo pasas. Muy feliz por haberme atrevido a hacer estos viajes. Y también por haber podido.


Y finalmente, sueños cumplidos y otros que quizá se cumplan. Y hablando de sueños, a dormir me voy, para después de haber estado un rato en las nubes, volver por la mañana a la realidad.

viernes, 18 de noviembre de 2011

It's FF!

Osease, Fringe Friday. O lo que es lo mismo, mañana puedo ver el siguiente capítulo de mi serie favorita en este momento. Los que la veis, sabréis de que hablo. Los que no, os la recomiendo encarecidamente.Ya he enganchado a varias personas. El reparto es excelente, los guiones sorprendentes a cuan capítulo más, divertida, y una de esas magníficas historias que te empiezan a interesarte por la trama y acabas enamorándote de los personajes y sus vidas, sus idas y venidas, y quieres verlos felices. Además, como en ese sentido aporta una de cal y otra de arena, nunca se sacia uno. Si se acaba una trama, los guionistas crearán otra perfectamente enlazada con la anterior. Y no hay que dejar de mencionar los alucinantes efectos especiales.

Y sobre los actores, debo decir que siento una profunda admiración, devoción, llámalo como quieras. Son muy buenos, tienen talento. Los tres principales son Anna Torv, Joshua Jackson y John Noble. A los demás no se les debe hacer de menos. Pero comentaré algo sobre los protagonistas.

Anna Torv interpreta a la agente del FBI Olivia Dunham. Y es ella en sí me encanta. Por lo que sé, es australiana, estudió arte dramático en una escuela muy buena de Sydney y ha trabajado en otras series, aunque en roles de menor envergadura. Algunos dicen que es muy fría. Personalmente, creo que eso es lo que buscaban en la actriz que interpretara el personaje. Haber si me explico: ella no es fría para nada (o al menos no lo parece en las entrevistas), pero el personaje se encuentra emocionalmente inseguro, y como consecuencia de esto, es frío. Y es que me apasiona su personaje. O como yo la llamo es Dunhamator. Ella puede con todo. Madre las que le hacen pasar en la serie, pero ella sigue ahí, luchando. Quizá para no pensar en sus propias desgracias. Según avanza la serie se puede apreciar la calidad interpretativa de esta chica, cómo puede crear tantas facetas en una misma persona, sus gestos, manera de andar...

Luego tenemos a John Noble. Yo no le conocía de antes, pero os sonará de El Señor de Los Anillos y no sé de algún lugar más. En el piloto, su personaje sale del psiquiátrico. Osea que imaginaros el percal. Tenemos a una policía deprimida y a un loco que desde luego, si algo se puede decir de él, es que es divertido. Y además el Sr. Noble lo hace divertido. Porque otro, que según se va desarrollando la historia nos descubre sus facetas más sorprendentes. Parece mentira como una persona puede parecer un loco o un malvado tirano sólo con la expresión facial. Y claro que esos pequeños gestos imperceptibles, que son los importantes, sólo los puede hacer un buen actor. En el detalle está la diferencia.



Pero ahí no acaba la cosa. Tenemos a Peter Bishop, nombre del personaje que interpreta Joshua Jackson, o Pacey, para los que veíais Dawson's Creek. Otro que tiene evolución, aunque menos acentuada, porque es el personaje más normal (dentro de lo que cabe). La suya es más bien moral. Y lleva a la serie a situaciones muy interesantes e impredecibles. Además, es muy bonico cuando se le ve paseando por ahí con la Diane Kruger, otra más que admiro, que además va tan mona esta chica siempre. Son como la pareja ideal.

Pues nada, ahora que acabo de ver un reportaje sobre la prostitución llevada a cabo por mafias rumanas en España, estoy totalmente indignada con el mundo, más en concreto con este país, donde la justicia es muchas veces una tomadura de pelo. En serio, aunque corra sangre española por mis venas, cada vez estoy más convencida de que mi cerebro es alemán, o inglés.

Así que con esto y un bizcocho, no hasta mañana a las ocho, pero sí hasta mi próxima entrada, que si me da la vena, irá sobre ¿Porqué tengo lo gris de por ahí aunque lo rojo sea de aquí?

lunes, 14 de noviembre de 2011

Hi, je suis bananas bananas.

Por qué este nombre? Os preguntaréis. Bueno, digamos que soy una dadaísta. Simplemente me vino la palabra a la cabeza. Ha sido una reacción estímulo-respuesta. Se trata de ver el Mac de mi profesor de fotografía, y la palabra Aplee se me vino a la cabeza. Entonces me surgió la banana. Pero dos veces quedaba más divertido que una. Porque no todo tiene que ser pensado. A veces simplemente hay que improvisar, dejarse llevar. Y yo hace mucho que tenía ganas de escribir, mucho que decir. Que decirme a mi misma, este blog lo escribo para mi, si los demás quieren tomar alguna idea de él, estaré encantada.

Y hablar de todo, según el día, la inspiración y las emociones. Al final todo depende de eso. Días buenos y malos, eso es la vida. ¿Todo lo que sube baja no? Además, si no hay inflexiones, ¿dónde está el interés?