Mientras me tomo mi habitual Bailey's y cigarrillo de viernes por la noche, para celebrar la entrada del fin de semana, me surge la cuestión de la visión del país para los extranjeros. Está claro que en este momento preciso, no podemos enorgullecernos de la situación política o económica, pero lejos de dedicar esta entrada a una crítica de la nación, me centraré en el ámbito turísitco.
Y como, al parecer, si tu preguntas sobre España a un extranjero te va a hablar de flamenco, toros, paella, jamón y otras muchas cosas más, yo, como buena norespañola que soy, trataré de acercaros ese trocito de tierra verde, acantilados escarpados frente a un mar verde-azulado.
Porque el norte tiene mucha belleza, en muchos casos desconocida. Hablando con un amigo madrileño que había recorrido la parte vasca del Camino de Santiago, me relataba con cierto asombro sus aventuras por esas tierras y la belleza del paisaje. Antes de mudarme a la capital, no era consciente de lo extraño que es para ciertas personas ver el mar y sobre éste el monte verde. En otra ocasión, un amigo mejicano visitó también esta zona, y asomado al balcón miraba a la derecha y decía: "¡el mar!" y cuando su mirada se dirigía hacia el lado contrario exclamaba: "¡la montaña!".
Y aunque en sí la ciudad de Bilbao no tiene mar, o playas está a escasa distancia (unos 13 kilómetros aproximadamente). Además, se tarda 20 minutos en ir del centro de Bilbao a una playa, si se coge el metro (sí, a pesar de ser pequeño, en Bilbao hay metro).
Pero hablemos de los que se puede hacer en Bilbao. Por supuesto, es recomendable la visita al Museo Guggenheim, siempre impactante gigante de acero ante la mirada de turistas y transeúntes. El color del material es un exquisito reflectante de las habituales nubes grises que cubren el cielo de la villa, y una alegre visión cuando los rayos de sol inciden en la superficie. El museo es obra del arquitecto Frank Gehry, y tiene la forma de un barco, en representación de la libertad que significa el arte contemporáneo. En su interior se pueden admirar obras de diversos artistas como el escultor Oteiza, conocido por sus esculturas de hierro, y exposiciones temporales.
No quiero hablar simplemente de las atracciones turísticas de la ciudad, pretendo que al leer este texto se pueda pasear por sus calles, sentir el ambiente, escuchar los sonidos y apreciar los olores, es decir, vivirla como si se estuviera en ella.
Así, partiendo del citado museo, imaginemos que recorremos el Paseo de Abandoibarra. La ría a la izquierda, con quizá alguna trainera, y el típico color verde de ésta. Sobre un espacio ancho, a la derecha nos encontramos con el tranvía, que transita sobre los carriles situados en el césped. A la izquierda de éste, las bicicletas recorren el bide-gorri y algunas personas hacen footing, aprovechando la suave temperatura de una tarde de abril. Frente a nosotros, vemos una estructura blanca, el Puente de Calatrava, que permite a caminantes cruzar de un lado a otro. A la derecha del paseo, podemos admirar las Torres de Isozaki, edificios de cristal que nos recuerdan a los rascacielos de las grandes ciudades. En el centro de estos, una escalinata que nos acerca al centro de la villa.
Si seguimos avanzando por el paseo hacia el Casco Viejo, nos encontraremos con el Ayuntamiento en la ribera izquierda del Nervión. En las proximidades también se encuentra el Teatro Arriaga, lugar en el que se puede asistir a distintas óperas, conciertos, ballets y obras de teatro de compañías nacionales e internacionales.
El Casco Viejo tiene encanto por sí mismo. Es posible recorrer sus estrechas calles de piedra, degustar unos típicos pintxos o disfrutar de unas compras en cualquiera de sus numerosas tiendas, desde las más comerciales, hasta las más vanguardistas, pasando por numerosas zapaterías. El ambiente idóneo es el de los fines de semana, en los que los bilbaínos acuden a tomar un piscolabis antes de la comida. Las calles se llenan entonces de gente: familias, niños, correteando por las calles, ancianos, etc., a los que acompañan risas, conversaciones sobre la vida y los últimos cotilleos.
Para una tarde de compras, os recomiendo hacer la ruta Abando-Moyua. Entre estas dos plazas unidas por medio de la Gran Vía se encuentran marcas de moda como Zara, H&M, Sephora, Stradivarius, Blanco, etc. además de los grandes almacenes El Corte Inglés.
En cuanto a gastronomía, últimamente son numerosos los restaurantes "fashion" que han abierto. Aunque la carta no se aleja de lo habitual en cuanto a platos, la decoración está muy cuidada. Si os gusta la comida asiática, os recomiendo "Buda", por la zona de Jardines de Albia, o Asia di Roma, en Abando, que tiene una variada carta de platos tanto asiáticos como italianos. Por lo demás, por supuesto es indispensable probar los pintxos, o, si se tiene ocasión platos típicos como merluza a la bilbaína, bacalao al pil-pil, el txakolí y otro largo sinfín de exquisiteces.
Si tenéis ocasión, os recomiendo visitar la ciudad en la Semana Grande o Aste Nagusia, a finales de agosto, cuando las peñas se instalan en sus txosnas a las orillas del Nervión y la música, el buen humor y los festejos invaden toda la ciudad, y se puede disfrutar de una muestra de aurresku en la Plaza Nueva o del concierto del último grupo de moda.
Sin más decir, es un sitio que es bonito de visitar (o al menos eso dice la gente), así que ¡os animo a que vayáis!
PD.: Os dejo aquí un link sobre la ciudad, por si queréis más información:
http://www.urbebilbao.com/






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